Breve
historia
La historia de los primeros años de la Casa de Cantabria
en Eibar se escribe con los recuerdos duros propios de la
postguerra. Hasta esta localidad llegaron varios cántabros
que se empezaron a ganar la vida como recadistas lijando
las culatas de las escopetas. En Eibar se respiraba todavía
las secuelas de la contienda fratricida y los cántabros
que hasta allí se habían desplazado vivían
en grupos de trece o quince personas. El tema de conversación
más común era la marcha del Racing. Con las
'discusiones' en torno al equipo surgió la idea de
crear un centro regional con la referencia del que ya existía
en Baracaldo.
Los estatutos del Centro Regional Montañés
en Burgos fueron los cimientos sobre el que se levantó la
sede cántabra en Eibar. Al principio los socios
se reunían en bares de la localidad, pero después
pasaron a ocupar una colchonería que pudieron alquilar
a bajo precio. La idea de tener una bolera fue el siguiente
objetivo y los socios solicitaron al Ayuntamiento un terreno.
En el barrio de Urki, junto a una ermita en ruinas, se
acondicionó la
pista de juego. Los jugadores tenían que desplazarse
hasta Vizcaya porque en Guipúzcoa no había
equipos que practicaran este deporte.
Años después
se abrió una gran crisis
en la Casa de Cantabria de Eibar y los socios comenzaron
a abandonar el centro. La escasa decena de cántabros
que siguieron se reunieron en la colchonería para
decidir si disolver o reorganizar todo de nuevo. Para existir
como sociedad era necesario que el número de socios
fueran 25 y no llegaban a la mitad, por lo que se marcaron
el objetivo de reclutar personas para poder constituirse.
Poco después, la Casa de Cantabria de Eibar se enfrentó a
otro problema: la construcción de la autopista pasaba
por la bolera, que fue demolida. Reconstruida años
más tarde debajo de uno de los puentes de esta carretera,
hoy se celebra allí el Torneo CINA 'Ciudad de Eibar',
y la Casa se ha consolidado plenamente para constituirse
en ejemplo de funcionamiento y actividad.

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