Breve
historia
Las Casas de Cantabria actualmente existentes en La Habana
son las más antiguas de todas y durante muchos años
fueron también las más importantes. La Habana,
por lo demás, tuvo una relación muy especial
con Santander y las dos ciudades estuvieron unidas durante
muchos años por tráfico marítimo -lo
recuerda en una de sus esquinas el remozado Mercado del Este
de la capital montañesa con el anuncio de las frecuentes
salidas por barco- y muchos cántabros que encontraron
la fortuna al emigrar contribuyeron a crear en su tierra
natal escuelas, hospitales y singulares edificios en muchos
puntos de la misma. Un entendimiento entre Cantabria y la
capital de Cuba que nunca se ha roto.
La Casa de Cantabria
fue fundada en la primera década
del siglo XX, concretamente el 20 de noviembre de 1910, con
el nombre de Centro Montañés de la Habana y
con esta denominación se mantuvo en el siglo XX. Surgió por
la iniciativa de un grupo de cántabros residentes
en la isla y durante todo ese tiempo la asociación
ha trabajado principalmente con el objetivo de destacar su
origen cántabro, compartir la vida social y cultural
de Cantabria y fomentar la unión y solidaridad entre
los montañeses, sus descendientes y afines en la República
de Cuba.
Haciendo historia, el Centro Montañés
fue creado sobre todo para actividades lúdicas, ya
que la Sociedad Montañesa de Beneficencia se encargaba
de las obras asistenciales. Famosas fueron las fiestas ofrecidas
en su
espléndida sede del Paseo del Prado, hoy Paseo de
José Martí, por la que desfiló la alta
sociedad de La Habana en los primeros años del siglo
XX, llegando en carruajes y coches de lujo a su puerta de
acceso. Durante mucho tiempo, junto a los centros gallego
y asturiano, fue una referencia clave de la vida social de
la capital de la Perla de las Antillas. La directiva del
Centro hizo mucho en favor de su tierra, enviando fondos
tras el incendio que asoló Santander, por ejemplo,
o financiando la construcción del popular edificio
denominado la Gota de Leche.
El Centro Montañés,
que cuenta con 502 asociados, tuvo que dejar la sede del
Paseo del Prado y dispone hoy
de un pequeño local en la calle Neptuno en el que
su actividad fundamental se centra en la cultura y la recreación,
tratando de mantener vivas la historia y tradiciones de Cantabria.

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